Lance Armstrong

DATOS RELEVANTES

¿"Súper hombre"?

  • Pulsaciones en reposo: 32-34
  • Pulsaciones máximas: 201
  • Pulsaciones en contrareloj: 188-192
  • Pulsaciones en etapas en línea: 124-128
  • Ritmo de pedaleo en contrareloj: 95-100
  • Ritmo de pedaleo en montaña: 80-85
  • Umbral de lactato (pulsaciones): 178
  • Volumen máximo de oxígeno (VO2) ml/kg: 83,8
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Lance Armstrong

La vida de este ciclista norteamericano quedó marcada cuando, en 1996, se le detectó un cáncer. Pero con un espíritu de lucha y un afán de superación encomiables, superó la grave enfermedad y volvió a subirse a una bicicleta. Lo que logró después no se le escapa a nadie: siete Tours de Francia.

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La vida de Lance Armstrong es digna de ser llevada al cine. Pero si uno se para a pensar un poco, seguramente llegaría a una curiosa conclusión. Y es que a alguien que no conociera nada sobre la historia de Armstrong le costaría mucho creer que la película fuera verídica. Realmente es así. Es fácil olvidar los malos tragos cuando la vida te sonríe pero las dificultades por las que el ciclista norteamericano pasó poco antes de llegar a la cima del deporte mundial fueron muy duras. Pero su historia comienza mucho antes de todo esto.

Ya desde muy joven, Armstrong mostró unas cualidades innatas para el deporte. Durante su juventud, el principal apoyo que tuvo fue el de su madre, Linda. Su padre les abandonó muy pronto y su madre tuvo que llegar a compaginar hasta tres trabajos a la vez para sacar adelante al joven Lance. A pesar de todo, fue la primera que le empujó al mundo del deporte. Sus primeros pasos los dio con la natación, comenzando a forjar su carácter de luchador. Se despertaba cada día a las 4:45 de la madrugada para ir a la piscina a entrenar. Con tan solo 13 años descubrió el Triatlón y dejó bien claro que apuntaba muy alto tras adjudicarse el "Iron Kids Triathlon". A esa edad, Armstrong ya daba muestras de que cuando se dedicaba a algo lo hacía de cuerpo y alma y con un afán de superación inaudito. A los 16 años ya se hizo profesional del Triatlón, aunque lo que de verdad le volvía loco era el ciclismo. Solía entrenar por su cuenta desde muy pequeño cogiendo la bici sin rumbo completando kilómetros y kilómetros. En varias ocasiones llegó tan lejos desde su casa de Texas, que tuvo que llamar a su madre para que le fuera a recoger.

Al acabar el colegio, comenzó a entrenar con el equipo olímpico norteamericano de desarrollo y eso selló su destino de manera definitiva. Corrió en el circuito amateur logrando numerosos éxitos que culminaron con el título de campeón estadounidense amateur en 1991. Poco después, se convirtió en ciclista profesional. En su primera carrera, la Clásica de San Sebastián, acabó el último clasificado. Pero eso no hizo sino despertar a la bestia que llevaba dentro y su determinación por llegar a lo más alto creció de manera increíble. Mostrando una perseverancia que le hizo llegar al corazón de muchos aficionados, Armstrong fue escalando poco a poco en los ránkings y empezó a ganar carreras. En 1993 obtuvo diez victorias y sus triunfos no se detuvieron, incluyendo un Mundial y algunas etapas del Tour de Francia. En 1996 era ya el cilcista número uno del mundo en los ránkings. Pero la gloria le deparaba una sorpresa muy desagradable.

Armstrong llevaba semanas notando una gran inflamación en la ingle pero, acostumbrado a soportar el dolor, no le dio demasiada importancia. La cosa se volvió más seria cuando empezó a vomitar sangre y a tener pérdidas de visión y migrañas. Fue entonces cuando el americano decidió someterse a unos análisis médicos que cambiarían su vida para siempre. El dos de octubre de 1996 recibía el diagnóstico de esos análisis. Padecía un cáncer testicular con metástasis en los pulmones y el cerebro. De hecho, los médicos le descubrieron hasta una docena de tumores del tamaño de una pelota de golf. A sus 25 años, Armstrong afrontaba la carrera más difícil, la de su vida. La probabilidad de éxito del tratamiento no superaba el 40 por ciento. La muerte le estaba llamando a la puerta.

El carácter que había forjado durante los años no permitió que se viniera abajo. Armstrong comenzó el tratamiento de quimioterapia con el convencimiento de que superaría su enfermedad y volvería a correr. Alguno le tomó por loco. El de Texas consultó a diferentes especialistas para lograr un tratamiento que no afectará demasiado a sus pulmones, órganos fundamentales para cualquier ciclista. Dicho y hecho. La quimio comenzó a dar sus resultados y la recuperación de Lance asombraba a todo el mundo. Poco a poco, sus esperanzas de volver a correr iban en aumento y el tratamiento parecía que iba a dejarle en perfecto estado físico. Finalmente logró su objetivo y pocos meses después de anunciar su enfermedad, sorprendía a todos informando de que volvía a correr. El equipo US Postal Service apostó por él y le fichó. Eso sí, con un sueldo notablemente inferior al que cobraba cuando estaba en la cumbre. Muchos dudaban del rendimiento del americano. Esas dudas parecieron hacerse realidad poco después de su reaparición en 1998. Durante la Paris-Niza Armstrong puso pie a tierra y dijo que no podía más. Reconoció que aún no estaba preparado para volver a correr y muchos vaticinaron su retirada. Decidió aislarse de toda presión y se marchó a una pequeña localidad de Carolina del Norte con un viejo amigo, Chris Carmichael, a pasear en bicicleta sin pensar en nada más. Sin estrés. Sin presiones externas. Sin comentarios malintencionados. Durante esa semana volvió a "enamorarse" del ciclisimo y se armó con el coraje necesario para volver a intentarlo. Corrió la Vuelta España acabando en un meritorio cuarto puesto, su mejor clasificación en un gran carrera.

En 1999 comenzó la temporada con un objetivo muy concreto: ganar el Tour de Francia. Pocos creían que podría conseguirlo. Correr el Tour por sí solo ya era un éxito para una persona como él, que había superado un gravísimo cáncer. Sus opciones de victoria parecían nulas. Pero con una mezlca de agresividad, táctica de equipo y poder paseó por los Campos Eliseos vestido de amarillo. Se convirtió en un verdadero héroe internacional. Era el principio de una larga carrera de éxitos. Ganó los siguientes seis Tours de Francia de manera consecutiva, convirtiéndose en el único que posee siete Tours consecutivos. Cabe destacar el apoyo que recibió de su pareja, la popular cantante Sheryl Crow, durante la mayoría de sus victorias en Paris. Además, durante esos años, fue galardonado con casi todos los premios internacionales del deporte. Al acabar su séptimo Tour anunció su retirada definitiva. El mito de Armstrong era ya historia viva del deporte.

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