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Lilí Álvarez
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Lilí Álvarez

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La vida de Elia María González-Álvarez y López-Chicheri (1905-1998), más conocida como Lilí Álvarez, bien valdría para escribir un libro o llevarse al cine. Nació en el hotel Flora de Roma el 9 de mayo de 1905 en el seno de una familia de burgueses y aristócratas, se crió en Suiza y fue un símbolo del deporte español, bandera que defendió en las múltiples competiciones en las que participó. Desde joven sobresalió por ser multidisciplinar. Practicaba el billar, el alpinismo, la equitación, el esquí y pilotaba coches de carreras, si bien destacó por encima de todo como tenista y patinadora.

Por la delicadísima salud de su madre, Lilí pasó los años de su infancia en Suiza, y allí se aficionó a todos los deportes y sobre todas las superficies, desde el esquí sobre nieve al patinaje sobre hielo, desde el tenis o la equitación al billar, que empezó a jugar a los cuatro años, subida a una silla.

Tenía una constitución física prodigiosa, al tiempo esbelta y sólida, fibrosa y finísima. Las facciones delicadas albergaban un carácter férreo y aventurero, una decisión y un valor a toda prueba para emprender cualquier tipo de competición. A los 11 años ganó su primer trofeo de patinaje sobre hielo. A los 14, su primer campeonato de tenis. A los 16, la Medalla de Oro de patinaje en Saint-Moritz. Y como además le gustaba divertirse sin renunciar nunca a la competencia, ganó también el campeonato de tango de Alemania.

Pero el deporte para el que reunía mejores condiciones era el tenis. Su progresión fue vertiginosa y, en un primer momento, mundana. Cuando, con 18 años, se trasladó a vivir a la Costa Azul con su familia, era la contrincante más buscada por todas las celebridades de la aristocracia y la política que solían pasar allí los interminables veranos de entonces, especialmente Gustavo V de Suecia, con el que jugaba habitualmente en Cannens.

Lilí buscaba emociones fuertes y le dio también por el automovilismo. Correr y competir eran una misma cosa para ella, así que a los 19 años ganó el Campeonato de Cataluña de Automovilismo. Hasta hoy, es la única mujer en haber conseguido un triunfo en categoría masculina (no había competición femenina). Viendo que ahí no tenía rival se concentró en el tenis y en sólo dos años de práctica se plantó en la final de Wimbledon, sin duda el campeonato más importante del mundo en esa época. Ese fue el momento en que los españoles y, sobre todo, las jóvenes españolas, se encandilaron con su preciosa figura vestida con camisa de hilo y falda larga, toda de blanco con una cinta muy ancha, aturbantada, en el pelo negro cortado a lo garçon.

Lilí Álvarez fue pionera en el tenis femenino. Entre el 1926 y el 1928 consiguió 3 finales consecutivas en el Wimbledon Championship y en 1929 Lilí, formando pareja con la jugadora holandesa Kornelia Bouman, ganó el título de dobles femeninos en Roland Garros.

El primer torneo que ganó fue el campeonato de Ginebra, ganándolo con 14 años (1919). Sus siguientes éxitos se produjeron en Alemania, donde ganó en 1921 y 1922 el torneo de Hamburgo en individuales y en otras categorías. Participó en dobles junto a Rosa Torres en los Juegos Olímpicos de París de 1924, donde llegó hasta cuartos de final, siendo la deportista que más lejos llegó de toda la delegación española.

Lilí Álvarez tuvo una brillante actuación en los torneos franceses de tierra batida celebrados en la Costa Azul. Así, en 1923 ya venció en Montecarlo, Aix-les-Bains y Berlín. En 1924 venció en los campeonatos de Metropole. En 1925 venció en Montecarlo y en el torneo de Niza Cote D'Azur. En 1926 vence por primera vez en el torneo de Cannes, ganando también el torneo Carlton II y su primer título en Inglaterra, el torneo de Beckenham. En 1927 repite triunfo en Cannes y logra ganar la edición navideña del torneo de Montecarlo. Al año siguiente, 1928, vuelve a conquistar el torneo Cote D'Azur y añadiendo un nuevo título: Riviera. En 1929 gana por tercera vez el torneo Cote D'Azur, Beaulieu II y, por primera vez, el campeonato de España celebrado en San Sebastian.

En 1930, Lilí Álvarez ganó el torneo de Roma, campeonato considerado como el tercero más importante de Europa. Ninguna española logró alzar la copa de campeona hasta que lo hizo Conchita Martínez en 1993. En invierno viaja hasta Argentina donde ganará el torneo de Buenos Aires. Tras una recaída en su rendimiento que la lleva a retirarse en 1932, vuelve a reaparecer en 1937 para vencer en los torneos de Frinton y Winchester.

Lilí Álvarez cierra su carrera tenística en 1941, adjudicándose de nuevo el campeonato de España. A lo largo de su carrera, venció a las mejores jugadoras de su época como Suzanne Lenglen, Molla Mallory, Cilly Aussem, Helene Contostavlos o Lucia Valerio, y el diario Daily Mail londinense consideró a Lilí Álvarez una de las diez mejores jugadoras de tenis desde 1926 hasta 1931. Durante el binomio 1927-1928 fue considerada la segunda mejor jugadora del mundo por detrás de Helen Wills.

En 1931 conmocionó el mundo del tenis jugando en Wimbledon con una falda de tenis dividida diseñada especialmente por la diseñadora Elsa Schiaparelli que fue la precursora de los pantalones cortos. Cuando en 1926 disputó su primera final en Wimbledon, contra la inglesa Kathleen Kitty Mac Kane, tuvo el partido en la mano. Había perdido el primer set por 6-2, pero animada por el público, entre el que estaban los reyes de España Alfonso XIII y Victoria Eugenia, le dio la vuelta al marcador, ganó el segundo set y se puso en el tercero y definitivo con cuatro juegos a uno y ventaja de 40-15. Entonces, según decía ella, «se le fue el santo al cielo» y perdió el título que ya casi tenía en el bolsillo.

Lilí siempre recordó aquel partido, pese a su final, como el más bonito de su vida. Quizá porque a pesar del resultado había demostrado que era la mejor. En cambio, en los dos años siguientes, le tocó enfrentarse en la final a la mejor tenista de la época, la estadounidense Helen Willis, que sí era claramente superior a “The senorita”, como la llamaba siempre la prensa anglosajona. Y es que aquella mujer de veintipocos años presumía de su origen y además exhibía un carácter muy español en las reuniones más encopetadas de la Europa posterior a la Primera Guerra Mundial.

Se hizo mundialmente célebre una anécdota protagonizada por nuestra deportista y el victorioso mariscal francés Foch, que incurrió en la galantería relamida de decirle: “No me atrevería a proponerle un partido de tenis a esta señorita...”, a lo que Lilí respondió, fulminante: “No se preocupe mariscal. Yo tampoco le declararía a usted la guerra.”

Y es que “The senorita”, que ganó en dobles el Torneo de Roland Garros de 1929, era una feminista convencida, que no pasaba por la condescendencia machista, aunque apreciaba, como persona notablemente culta y cultivada, el talento y el ingenio. Por supuesto, eso le ocasionó a Lilí Alvarez bastantes contrariedades, pero las sobrepasaba fácilmente con el passing-shot de su carácter. No es que se creciese ante la adversidad; es que le gustaba provocarla, para darse el placer de vencerla.

Convertida en una celebridad, se sintió tentada por el periodismo y empezó a escribir para el Daily Mail de Londres. Desde la proclamación de la II República Española en 1931 envió crónicas parlamentarias y políticas, poniendo especial atención a los cambios que tenían lugar en la mujer española.

En 1934, el cambio le ocurrió a ella: se enamoró y se casó con un diplomático y aristócrata francés, el conde de Valdéne, pero su matrimonio corrió la misma suerte trágica de su país. En 1939, después de perder al hijo que esperaba, se separó de su marido para siempre. Nunca se supo qué había ocurrido para que una persona tan religiosa como Lilí rompiera su matrimonio, pero debió de ser algo muy grave y muy hondo, tan terrible como todo lo que había sucedido en España y empezaba a suceder en todo el mundo. Decidió vivir en España en 1941 y siguió practicando deporte, o sea, ganando campeonatos. Lo hizo en automovilismo y en esquí, del que fue campeona de España en 1940. Pero tuvo un altercado en Candanchú, con los federativos de la época. Se les ocurrió la brillante idea de dejar esperando a las mujeres mientras esquiaban los hombres y ella les dijo de todo menos bonito y la acusaron de «ofensas a España». Al poco de expulsarla de la Federación volvieron a admitirla, pero ella ya no quiso competir más y se dedicó al deporte privadamente. Por cierto, hasta su ancianidad.

Comenzó entonces una carrera como escritora de tipo religioso y feminista, una combinación ...complicada, especialmente en aquella época. En 1946 publicó Plenitud. En 1951 dirigió al V Congreso Feminista Hispanoamericano un vibrante discurso: La batalla de la feminidad.

Quizás su título más «alegre y rápido», como ella misma definía su tenis, sea "Ideario de una beata atípica". Pero también "Feminsimo y espiritualidad", "El seglarismo y su integridad" o "La religiosidad masculina y su desdicha". Dedicó al deporte "El mito del amateurismo" y reflexionó sobre feminidad, deporte y religión en "Mi testamento espiritual", "Revivencias", "La vida vivida" y "La gran explicación desde la vida y el deporte", que presentó en público poco antes de su muerte en Madrid el 8 de julio de 1998..

En el mundo intelectual, Lilí Alvarez fue como en el deportivo: una excepción. O más exactamente: alguien excepcional.

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