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Julián Sanz
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Julián Sanz

El "alienígena" de la bici

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Imagina recorrer a lomos de una bicicleta el Tour de Francia. 22 días, 4.000 kilómetros, puertos imposibles en los Alpes y Pirineos, ritmos despiadados. El frío, el calor y el viento complican el reto. Muchos abandonan. Y ahora ponlo más difícil: reduce de veinte a doce las jornadas para completar el recorrido. Suprime los dos días de descanso. Olvida lo de parar a dormir en un hotel. Piensa en pedalear noche y día. Eso es Le Tour Ultime, la prueba de ciclismo extremo más prestigiosa de Europa.

Julián Sanz (Burgos, 1973) es su nombre. Lleva casi la mitad de su vida en Miravalles (Vizcaya). Un hombre común, como su apellido. Un origen corriente. Un trabajo como el de cualquiera, responsable de calidad empresarial. Pero todo eso esconde una capacidad física y psicológica totalmente fuera de lo habitual, que vuelca en una actividad que la mayor parte de los mortales calificarían de locura.

Julián Sanz se proclamó vencedor de Le Tour Ultime, una prueba para la que tuvo que recorrer 4.108 kilómetros en menos de 12 días, con apenas dos horas de sueño por cada jornada de pedaleo. Tras un terrible esfuerzo terminó llegando en solitario al final de la prueba. Los otros dos ciclistas que lo intentaron sucumbieron ante tal dureza y tuvieron que retirarse, y sólo Julián consiguió llegar a lomos de su BH hasta el final.

Llegó a cubrir cerca de 625 kilómetros el primer día, hizo frente a alrededor de 50.000 metros de desnivel, a condiciones climatológicas adversas, al terrible esfuerzo y, sobre todo, al sueño. Únicamente dormía dos horas al día, dedicando las veintidós restantes al pedaleo. Los últimos kilómetros, de hecho, fueron muy duros porque el ciclista apenas se pudo mantener sobre la bicicleta. “Llegó un momento en el que me dormí sobre la bici y me caí dos veces” aseguró el ultra ciclista. Para evitarlo utilizó trucos como rodar por el arcén, buscar un terreno más accidentado o esprintar. A lo largo de su periplo, Sanz tuvo que superar numerosas adversidades deportivas, entre ellas la ascensión a los puertos de La Madeleine y el Glandon, pero también peligros inverosímiles como el tener que huir de los tiros de escopeta del capataz de la finca donde pernoctaba. La resistencia mental y física del corredor se pusieron a prueba constantemente hasta llegar a la meta con las piernas casi dormidas.

El ultra ciclista español dedicó 11 días, 17 horas y 27 minutos en completar un recorrido que supera en más de 550 kilómetros el que conforma el Tour de Francia y ya puede presumir de ser capaz de alcanzar los límites del esfuerzo humano.



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